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Ocasión

Bautizo y comunión: fotos de un día tranquilo

Sin DJ, sin proyector, treinta personas y un niño en el centro sin que nadie le haya preguntado. Qué cambia aquí respecto a una boda.

Un bautizo tiene treinta invitados, dos horas de iglesia y una tarde de café y tarta. No hay DJ, no hay pantalla y no hay ningún momento en el que todos miren el móvil a la vez. Y en el centro hay un niño al que nadie le ha preguntado si quiere que le hagan fotos.

Las dos cosas juntas convierten esta ocasión en un caso propio, y no en una boda pequeña.

En la iglesia: nada

Esa no es una regla nuestra, sino de la parroquia, y cambia de un sitio a otro. Preguntad antes en el despacho parroquial si se puede fotografiar y dónde; en unos sitios lo permiten desde el asiento, en otros solo después de la celebración, en otros no lo permiten. Una frase antes de empezar le ahorra al padrino tener que decidirlo en mitad de la ceremonia.

En la práctica eso significa que la galería se llena por la tarde, no por la mañana. No es ninguna pérdida: las fotos que quedan nacen de todas formas en la mesa del café.

El código QR va sobre la mesa

Con treinta personas en dos mesas largas basta con un expositor por mesa, más uno al lado de la tarta. Nada de cartel en la entrada: en una ocasión de este tamaño todos llegan juntos, y nadie lee un cartel con el abrigo puesto.

Y como aquí suelen sentarse tres generaciones, el enlace corto debajo del código vale especialmente la pena: para los abuelos, la dirección para teclear suele ser el camino más rápido que escanear.

Lo que funciona bien

  • Pocos retos fotográficos, pero acertados. «El vestido» o «La vela», «Quién tiene ahora al niño en brazos», «La mesa puesta antes de que alguien se sirva». Con tres o cinco basta; una lista de diez puntos, con treinta invitados, parece un deber escolar.
  • El libro de firmas. El verdadero tesoro en un bautizo y en una comunión: deseos para un niño que podrá leerlos dentro de quince años. Los mensajes de voz son aquí especialmente valiosos, porque la voz de la bisabuela más adelante ya no existe.
  • Una duración larga. A diferencia de una boda, aquí alguien vuelve a entrar dentro de diez años. Aun así, descargad pronto vuestro archivo, para que las fotos existan al margen de cualquier galería.

El niño

Las fotos no se hacen públicas, pero se comparten, y un niño no puede decir nada al respecto. Dos costumbres que han demostrado servir: poned un código de acceso, para que un enlace reenviado no baste. Y decid una vez que las fotos se quedan en la familia y no deberían acabar en las redes sociales. Las dos cosas no cuestan nada y marcan la diferencia entre «no lo habíamos pensado» y «lo dejamos resuelto».

Si queréis dar las fotos a los parientes que no pudieron estar: la descarga conjunta para invitados se puede activar sin que escribáis cuarenta correos.

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La fiesta se hace igual. La única pregunta es qué queda de ella el lunes.

Vamos. No cuesta nada.

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